lunes, 16 de julio de 2012

preliminares.


I.
Ubicado al interior de una trama hilvanada a partir de hebras culturales, sociológicas, económicas, estéticas y políticas, el docente en artes constituye uno de los principales agentes de construcción y consolidación identitaria y comunitaria. Restringido o potencializado a partir de sus posibilidades inmediatas de acción, este agente político transita al interior de un contexto oficioso vago, donde el porcentaje de posibilidades estéticas de intervención y rescate sociológico y cultural, equilibran -de algún modo-, la incertidumbre creativa que los aqueja. 

II.
Hablar de "roles y funciones" implica la existencia (no siempre evidente) de distintos "bagajes y programas" de construcción de realidad. Con base en lo anterior, resulta posible afirmar que las "expectativas y obligaciones" depositados en esta figura (mitad pedagógica/mitad artística -cien por ciento estética), varían según la mirada que le aborde y el discurso derivado de la misma. Donde cada discurso deberá abordarse como un fenómeno de carácter dicotómico concretizado de forma práctica y textual
Desde la perspectiva Estatal, el docente en artes no es sino un engrane administrativo cuya función inmediata es la transmisión de los marcos estéticos elementales de desarrollo identitario (individual y colectivo) y -por lo tanto- de constitución sociológica y cultural. Su trabajo debe, de acuerdo a lo contenido en los distintos Documentos que amparan su existencia dentro del organigrama, -por así decirlo- garantizar la introducción y aprehensión de los principios formativos (educativos?) básicos de apreciación artística. En aras de garantizar la distribución de bagajes/marcos específicos y escenarios estéticos determinados de desarrollo intelectual, emocional, político y cultural, el Estado mexicano, como el resto de los países, ha desarrollado manuales especializados de concreción docente tan ambiciosos como ambiguos y estéticamente incongruentes; que pocas veces rebasan las posibilidades áulicas de interacción. 
La aparente pulcritud pedagógica que permea los Planes y Programas de Estudio desarrollados por el Sistema Educativo Mexicano es producto de procesos editoriales de redacción; y responden, en realidad, a necesidades Estatales de administración social derivadas de procesos macroeconómicos de carácter global. Lo anterior, aunado a los propios marcos formativos de los docentes en artes, deriva en el desperdicio pedagógico de espacios reales de regeneración estética. 
Si bien el escenario burocrático brevemente descrito puede resultar poco menos que depresivo, existen distintas posibilidades de reversión de condición estética de desarrollo crítico. Más que estrategias didácticas de formación, se trata de acciones estéticas de carácter endémico, producto de procesos formales de activación pedagógica y poética
Habida cuenta de las libertades de cátedra otorgadas a los docentes en artes en tanto agentes formativos institucionalizados, y de los huecos o puentes textuales existentes en las mismas Fuentes que restringen sus marcos de acción inmediata, pero que permiten -siempre- la inserción o consolidación de proyectos estéticos de atención/regeneración sociológica y comunitaria (política); el aprovechamiento del espacio formal dedicado a las artes en los distintos niveles de educación básica, dependerá exclusivamente del docente quien, sin importar su origen formativo (magisterial o artístico), cuenta con las herramientas prácticas y teóricas suficientes para impactar de forma significativa en la vida de los educandos, incluso en etapas de inducción oficiosa.